sábado 14 de noviembre de 2009

1957: SARA MONTIEL VISITA ALCUBLAS

En 1957 se estrenó en España la película "El último cuplé". Esta película supuso un éxito de taquilla jamás conocido en nuestro país y la consagración de una estrella internacional, Sara Montiel.
La Montiel en aquella época, ya había hecho sus "pinitos" en Hollywood y en ese mismo año se casó
con su primer marido, Anthony Mann.
Comenzaba entonces a forjarse una leyenda, un mito... y esa estrella estuvo en Alcublas.

En las fiestas del verano de 1957 organizadas por La Colonia, nos honró con su visita, nos deleitó con su presencia, su sex-appeal y su glamour, la actriz del momento, aquella mujer que se había convertido en todo un "fenómeno de masas"... Sarita Montiel.
Su llegada a Alcublas, como no podía ser menos, forma parte de la memoria colectiva de nuestros mayores. El recibimiento fué impresionante. Prácticamente todos los vecinos se congregaron en El Mesón para esperar a la estrella.
LLegó en un auto estupendo, prestado amablemente por el hermano del médico D. José Albalat, precedido por dos escoltas motorizados (el tío Llatas y Miguel el practicante) que le iban abriendo paso y evitaban que la muchedumbre enfervorizada se abalanzara sobre la artista.
Al llegar a la Plaza y dada la expectación creada, Sara Montiel junto con su representante (Juanito), fué presentada a la población desde un balcón.
Su representante manifestó que la actriz había llegado "algo mareada" a causa de las cuestas y curvas de la carretera y que debía retirarse a descansar ya que por la noche estaba programada su gran actuación.

Una vez repuesta, la actriz se vistió para la ocasión con uno de sus maravillosos vestidos, ayudada por las dos hermanas Ruidas, hijas del tío Crescencio. El mismo tío Crescencio sacó su bombardino viejo para unirse a la fiesta y acompañar a la estrella.

Sara Montiel interpretó para todos los alcublanos y alcublanas dos de las canciones de su última película, el cuplé Ven, ven y ven... y La Violetera.


Mientras cantaba La Violetera, Sarita tuvo un pequeño "lapsus" con la letra que originó el divertimento del público y desde luego, el aplauso más sonado. Sara comenzó a cantar: "Como aves precursoras de primavera, en Madrid aparecen las... fiambreras" (en lugar de violeteras). Ya podreís imaginar el general regocijo.

Algunas mujeres criticaron su manera de ir vestida, su descaro y desparpajo. Algunos hombres querían subir al escenario, movidos por un impulso irrefrenable de besarla... Cantando el cuplé Ven y ven y ven, con aquella sensualidad, con aquella provocación "inocente", uno de los que estaban en la primera fila preguntó: Pero ¿voy, voy?.

Aquella noche todo un pueblo creyó que Sarita Montiel estaba allí. Todo un pueblo disfrutó con sus canciones, con la presencia de una gran estrella internacional.

Todo un pueblo disfrutó contigo, Rafael (el Zapatero). Aquella noche fué irrepetible y nunca te la podremos pagar. Gracias Rafael. Tú sí que eres una VERDADERA ESTRELLA.


sábado 7 de noviembre de 2009

AQUELLA PARTIDA...

Las imágenes siempre han tenido un poder desbordante. A veces, mucho más que las palabras. Fotografía, según su origen etimológico, deriva del griego (foto= luz y grafos = escritura). Es decir que fotografiar se puede considerar al arte de pintar o escribir con luz.
(Foto Llatas)
Seguramente si se nos preguntara a cada uno de nosotros por las imágenes que más nos han impactado o que consideramos más representativas del siglo pasado, muchos coincidiríamos con aquella tan terrible del hongo atómico causado por la primera bomba nuclear sobre Hiroshima. También vendría a nuestras retinas alguna fotografía de Hitler, o de los campos de concentración alemanes. Y siguiendo con el tema bélico (el siglo XX desgraciadamente no ha sido muy pacífico que digamos), la famosa foto de Robert Capa en la que inmortaliza a un miliciano español abatido por un disparo en la guerra civil.
Fotografías del Che Guevara, Marilyn Monroe, los Beatles, Ghandi, Kennedy, etc., estarán para siempre en nuestra memoria porque nos han acercado y ayudado a conocer a personajes que han marcado nuestra historia más reciente.
Hace unos días, un buen amigo mío, me mostró la foto que acompaña a estas palabras. Al verla, quedé largo rato en silencio, disfrutándola. Esta fotografía es una verdadera joya. Porque representa un trozo de la historia más reciente y a la vez ya lejana en el tiempo, de nuestro pueblo.
Muchos de nosotros recordamos, seguro, aquellas tardes o noches de invierno, cuando se reunían nuestros abuelos, padres, tíos o vecinos en torno al fuego después de cenar. La abuela ponía a hervir un perol con malta (algunas veces, las pocas, café) y, de repente, la pequeña mesa de madera que servía para muchas cosas, se disponía en el centro de la habitación y alrededor de ella, cuatro sillas bajas con aquellos asientos de hilete, algo estropeadas por el uso y los años (las mismas que se sacaban a la puerta en las tardes de verano para estar a la fresca).
Y allí estaban, dos parejas de jugadores, una baraja, una brisca, unas bromas y diversión asegurada. Con la malta, alguna copica de cazalla o de mistela y con los primeros envites del juego, con los ánimos todavía aplacados, los contrincantes acordaban jugarse algún almuerzo o en noches más “flamencas” una paella con algún conejico o liebre de la temporada de caza recién inaugurada.
Me recuerdo de niña sentada con mi silla cerca de mi abuelo, siguiendo la partida. En aquellas noches aprendí las señas, la mecánica del juego, las cartas que eran triunfos, los trucos, el vocabulario especial que usaban para despistar al “enemigo”, lo que era una “garra”, a contar los puntos… En aquellas noches aprendí que para divertirse no hacen falta grandes cosas. Solamente bastaba una mesa, unas sillas, una baraja y las ganas de estar juntos. Aprendí a que la risa es sencilla y se transmite con facilidad, que estábamos contentos, que no había mucho para compartir, pero lo poco que había se compartía de corazón.
Esta foto cuenta muchas cosas. Os invito a que la observéis largamente… seguro que desde el fondo de vuestros recuerdos aparecerán imágenes próximas, vivas, entrañables, a pesar de que queden ya lejanas en el tiempo.

Asmara.

jueves 29 de octubre de 2009

EL PASO DE LA RIADA DEL 57 POR ALCUBLAS

El 13 de Octubre, hace 52 años de aquella noche lluviosa de Domingo, en la cual ocurrió la primera riada que cambio Valencia….la segunda y más devastadora llegaría sobre el mediodía…El Turia ya aviso un día de San Miguel unos años antes (dentro de la década de los cincuenta), el agua llego a casi cubrir los arcos de los puentes pero de ahí no paso..
Han sido numerosas las veces que el río Turia, por la aproximación de su cauce a muchas barriadas de Valencia, se ha desbordado e inundado zonas urbanas, provocando pérdidas de vidas y haciendas. La última y más grave fue la de 1957, la que hacía el número 13 de las graves en los siete siglos posteriores a la llegada de Jaime I.

Francisco Almela Vives recopiló la relación más completa posible de riadas. No sólo hubo 13 desbordamientos, sino 32 conocidos desde 1321, pero el número del mal fario es el que se refiere a los que inundaron completamente a calles y plazas. El primero que se tiene constancia se anota en 1321, en el que fueron arrancados los puentes. Siete años después se produjo otra riada de mayor magnitud, que alcanzó a barriadas gremiales y provocó el saqueo de casas abandonadas por sus moradores, algo que se ha repetido siempre.

Diez días permaneció Valencia inundada en el otoño de 1406 debido a las lluvias, y ello movió a la autoridad a establecer turnos de peones para atrancar puertas de la ciudad y evitar que por tales ojos entrara el agua con violencia, iniciativa que se repitió 21 años después, en 1427, cuando el barrio de Morvedre se vio igualmente anegado.

En el siguiente siglo, en el año 1590, se creó la Fábrica Nova del Río, que con la Xunta de Murs i Valls iniciaría la construcción de puentes firmes y de piedra, conservados a lo largo de medio milenio, y ello surgió porque el siglo XVI registró dos riadas considerables, en los años 17 y 18…… La más importante del siglo XVII se produjo en 1651, donde el desbordamiento se inclino por la zona del portal del Cid, y en el XVIII hubo inundaciones en 1731, 1776 y 1783. Por entonces ya había puentes de obra y se registraron atascos en los ojos de éstos por la acumulación de maderas, ramas y otros elementos arrastrados. La de 1731 tuvo su virulencia en la zona de la calle de Sagunto, donde un azulejo recuerda la altura que alcanzaron las aguas. Otra riada en 1949 se llevó las chabolas del viejo cauce y un centenar de vidas humanas.

Todo esto lo he sacado de un diario que tengo en mi poder del día 14 de Octubre de 1957, un día después de la tragedia, en realidad no solo hubo desperfectos en Valencia capital. En los pueblos de la serranía también se noto las fuertes lluvias, como es el caso de Alcublas.
El barranco del Agua, que viene de la Balsilla hacia el pueblo, albergaba la conducción del agua que bajaba desde la Tejería y me han salido unas fotos
, que preguntando a gente de los que he reconocido trabajando en la foto me han dicho, que el agua se llevó toda la tierra arrancando la conducción del agua y tuvieron que construirla de nuevo. La obra fue realizada por gente del pueblo a jornal con la supervisión de un técnico y un capataz de la empresa contratada. Fue una obra larga de realizar, subieron más altas las tuberías y me dijeron que se acabaron sin ningún percance de importancia.


Para daros idea de cómo bajaría el barranco, mirad la foto (con la que abrimos el artículo) que está tomada desde las alcantarillas en el año, 68-69 con la “hoya” inundada al fondo.

Pallamin.




lunes 19 de octubre de 2009

FESTIVIDADES ALCUBLANAS: EL BAILE DE LA RUEDA

Al hablar la semana pasada de Las Mayoralesas de San Joaquín citamos el Baile de la Rueda, y es por ello por lo que procedemos a hablar de él.

El Baile de la Rueda se bailaba rondando la plaza. Comenzaba con unas cuantas parejas que se colocaban formando un círculo que se iba ampliando a medida que llegaba más gente. Todo el que quería participaba. Cuando el grupo era muy numeroso se hacían varias ruedas. Era organizado por los quintos durante todo el año.


El baile comenzaba la tarde del domingo con un recorrido por las calles del pueblo en que los musicos tocaban como anunciando su inicio. Cada domingo se paraban en una plaza diferente: San Agustín, el Mesón, la Cruz, los Olmos, la plaza de la Iglesia... en todas, cada vez en una.

En este Baile de la Rueda se bailaba todo: jota, fandango y seguidilla, pero se comenzaba siempre por la jota. Cada vez que terminaban de cantar una estrofa y empezaban la siguiente, entonces se daba vuelta y las parejas se cambiaban. Algunas se retiraban y era también el momento en el que se incorporaban los que iban llegando. La rueda giraba dando vuelta a la plaza a medida que seguían bailando, no se paraba.

Cada pareja seguía el paso que comenzaba la bailadora que, a veces, haciendo ver que empezaba una pasada comenzaba otra distinta y el hombre tenía que estar listo para seguirla: ésto se llamaba "engañar al bailador". En todo el baile se tenía muy en cuenta la variación y adornos en las pasadas y expresaban con los movimientos de los brazos y las manos la gracia y estilo de cada pareja.

Los instrumentos eran fundamentalmente guitarra y guitarrón pero también, en ocasiones, habían otros instrumentos de cuerda como la bandurria, el laud y violín y algunos de percusión como la pandereta. Los cantadores conocían canciones muy antíguas aprendidas de los mayores pero también habían versadores que, cuando la situación lo requería, improvisaban la copla en el momento del baile. La temática era muy variada: desde la exaltación del amor, el trabajo del campo, las creencias, los problemas de la vida diaria y situaciones como la expresada en esta jota:


Ya se van los quintos madre

ya se va mi corazón,

ya no tendré quien me tire

cantitos a mi balcón.



Y los despropósitos en el canto de las seguidillas:



una pulga saltando

rompió un lebrillo

y si no la detienen

mata un chiquillo.



También había coplas para hacer un descanso y tomar un trago:



La despedida les doy

al estilo de Teruel

tanto rato, tanto rato,

tanto rato y sin beber.



Para finalizar este Baile de la Rueda las parejas tenían que darse un abrazo, pero ese momento también lo anunciaba el cantador:



A la harina a la harina

y al trigo al trigo

aquel que no se abrace

pierde un cuartillo.



Este final del baile, con un abrazo, se sustituyó posteriormente por otras coplas de despedida:



La despedida les doy

la que dan los labradores

adiós luna, adiós sol

adiós ramito de flores.



La despedida les doy

y despedirme no puedo

por eso no pido adiós

sino que digo hasta luego.

Seguiremos...