El diecinueve de enero es el Día de las corridas. Fieles a la tradición, mañana a las diez de la mañana el ganador recibirá un pollo. Ayer y hoy, la tradición se perpetúa...

Recientemente me reuní con varios ancianos del pueblo. Hablaron durante horas de sus recuerdos; recuerdos que iban una y otra vez al mismo lugar: la infancia, la guerra, el hambre, las fiestas, la muerte y las ganas de vivir. Cada uno relataba los hechos como si se tratara de momentos distintos pero hablaban de lo mismo. Se sorprendían de lo que el otro recordaba y se asombraban de lo que el otro relataba con tanta nitidez porque no recordaba haber estado allí, aunque los otros afirmaran lo contrario. Sus sinapsis eran diferentes por eso diferían sus relatos al extraerlos de la despensa de su memoria. Todos tenían la certidumbre de que aquellos años de niñez y adolescencia eran el tesoro sobre el que habían construido su existencia, sus errores, sus ambiciones, sus fracasos y sus éxitos.
¡Qué buen rato pasamos recordando las corridas!


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