Estamos ya como quien dice en verano. ¡Qué temperaturas! Habrá que ir pensando ya en adecentar la fachada. Hacía tiempo que quería hablar con alguna de aquellas personas que se dedicaban a estos menesteres, y me puse en contacto con una de ellas, en concreto con la tía María “la Gonzala”; y como siempre encantadísima de responder a lo que yo le preguntaba, como ya lo hizo cuando hablé con ella sobre Martín “el Alguacil”.Lo primero que se hacía era limpiar la calera que estaba todo el año sin usar y se llenaba de matorrales. Me cuenta que para recoger la cal (las piedras), se juntaban un grupo de hombres que se dedicaban a recoger las que ellos creían mejores piedras y entre todos iban apilándolas en la calera, hasta que creían que ya estaba bastante llena. Le hacían la bóveda como si fuera un horno de carbón y a continuación entre todos recogían toda la leña baja posible (romeros, aliagas, etc.) esto lo hacían con unos ganchos en forma de “U”,hasta que comprendían que ya tenían bastante para los dos días que duraba más o menos la cocción( todo esto se hacía con la leña enganchada en estos ganchos y sobre el hombro).
A continuación se encendía el fuego, que estaba unas veinticuatro horas sin que se apagase (todo esto se hacía relevándose los siete u ocho hombres que estaban en la labor) cuando se pasaba el tiempo tapaban la boca del horno y lo dejaban cerrado unos cuatro o cinco días hasta que creían que ya estaban bastante frías para poder cogerlas y cargarlas. Al principio las cargaban en los machos y los burros en los serones, porque no había carros, luego ya vinieron los carros y se bajaba la carga en ellos. La zona donde más caleras había era desde la carretera de las Dueñas hasta la balsa Silvestre (éstas, están recuperándose gracias a la labor que está realizando la A.C.L.A. ).
La cal la descargaban normalmente en alguna plaza y la gente iba a comprarla allí por “barchillas” y cuando la gente ya no iba a comprar, daban vueltas por el pueblo pregonando que se vende cal.
Todas las “calás” que se hacían pagaban una especie de tributo al Ayuntamiento dando dos o tres “barchillas”, las cuales se tiraban en un pozo que había en el huerto de los Alguaciles (donde hoy se guardan los toros) y allí se mataba la cal para usos municipales (matadero, lavaderos, fuentes, etc.).
Las mujeres hacían lo propio en sus casas, la cal era tan buena que de una “barchilla” salía un cántaro y aunque te arrimases no te manchabas de blanco ni te la llevabas detrás y si a veces les salía alguna piedra se ponían como un “basilisco”, que me has “engañao”; y eso que la “barchilla” valía de tres a cinco pesetas.
Yo iba a jalbegar con la tía María la “Baltasara” que fue la que más tiempo dedicó a este oficio en Alcublas y con Vicenta la Carpintera. Anteriormente, aunque no fui con ellas, estaban la tía Dolores “la Requeté” y Nati “la Boquea” y más tarde la tía Pilar.
La tía María me demostró que tiene un arte especial para atar los pinceles a la caña, cosa que hacía a todas sus compañeras de fatigas, porque los dejaba más fuertes que ninguna. (como se aprecia en el video).
Luego hable con Vicenta “la Carpintera” y también me contó que los techos de las cocinas los jalbegaban con “algez” porque no se hacían amarillos con el humo y como el “algez” a veces le salía oscuro lo mezclaba con alabastro para que fuese más blanco. También iban a jalbegar fuera de Alcublas, a Villar, a la masía de Cucalón, a la masía de Uñoz, etc.
Bueno creo que ya he metido bastante rollo y aquí lo dejo, no sin antes recalcar que me dijeron un montón de veces que no se decía vamos a “pintar” la frontera si no que vamos a JALBEGAR la frontera.

PD. Quiero dar las gracias a la tía María y a Vicenta.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada